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Saturday, November 07, 2026

Cuando la luz incomoda a la sombra

Existe una sabia fabula que dice que cuando la serpiente observa a la luciérnaga con una mezcla de rabia y desconcierto, no la persigue por hambre ni por instinto, sino porque su brillo le resulta insoportable. La luz revela lo que la oscuridad intenta ocultar y, ante esa evidencia, la sombra se inquieta. Así, la persecución no nace de la fuerza, sino de la incapacidad de convivir con aquello que ilumina. La luciérnaga no hace ruido, no ataca, no provoca; simplemente brilla. Su luz es natural, honesta, fruto de lo que es y no de lo que pretende ser. Precisamente por eso despierta hostilidad: porque recuerda que no todo necesita imponerse para destacar, y que la claridad desarma a quienes viven cómodos en la penumbra esto es en su sona de confort.
La serpiente representa a quienes atacan lo diferente, lo auténtico, lo luminoso. Persiguen porque el brillo ajeno les confronta con sus propias carencias, con sus miedos no resueltos y sus sombras internas. En lugar de buscar su propia luz, eligen intentar apagar la del otro, creyendo erróneamente que así dejarán de sentirse pequeños. Pero la luciérnaga, aun frágil, enseña una verdad profunda: la luz no existe para provocar, sino para ser. Quien brilla no es responsable de la incomodidad que genera; esa incomodidad pertenece a quien no ha aprendido a reconciliarse con su propia oscuridad. Y aunque la serpiente persiga, la luz deja huella, incluso cuando parece extinguirse.

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