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Friday, February 20, 2026

Cuando el futuro enferma el presente

Vivimos en un mundo acelerado donde el instante actual muchas veces se ve opacado por un mañana que aún no ha llegado. La mente, en su intento por controlar lo incontrolable, se adelanta a los hechos, construye escenarios, proyecta desenlaces y se carga con miedos y ansiedades que no han ocurrido y que quizás nunca ocurran. A eso la podríamos llamar la enfermedad de la anticipación. Esta enfermedad no tiene síntomas físicos visibles, pero consume energía, paz interior y alegría. Nos hace sufrir por cosas que solo existen en el terreno de la imaginación. Es como cargar un paraguas todos los días por si acaso llueve, aunque vivamos en un desierto.
La anticipación nos hace vivir a medias tintas. Nos impide disfrutar una conversación, una comida, un abrazo, porque la mente está allá, en lo que podría pasar, no en lo que está pasando. Nos roba el ahora, y él ahora es lo único que realmente tenemos. Curarse de esta enfermedad no es fácil, pero es posible. Requiere entrenar la mente para quedarse en el presente, observar los pensamientos sin seguirlos como ovejas perdidas. Esto requiere confiar: en la vida, en los procesos, en nuestra capacidad de adaptarnos a lo que venga, cuando venga, porque, al final, la verdadera libertad no consiste en tratar de controlar el futuro, sino en aprender a vivir sin temor a él.

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