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Friday, January 02, 2026

Una solución frente al temor

Hay momentos en los que la vida nos empuja hacia los bordes de lo que creemos posible. El miedo se presenta como un muro, pero al enfrentarlo, no solo se disuelve nos deja un regalo: coraje. No es la ausencia de temor lo que nos transforma, sino el acto de caminar con él al lado. Esto implica el vivir con el y no correr de él. En el gesto de ayudar a otro, se despierta algo profundo: el reconocimiento de nuestro propio valor. Es como si al tocar el alma ajena, recordáramos la dignidad de nuestra propia existencia. El amarse no se aprende en el espejo, sino en la mirada compasiva que dirigimos hacia los demás. Aceptar el dolor como parte del camino no significa resignarse, sino comprender que cada herida puede volverse raíz para el crecimiento. La felicidad, entonces, no se encuentra donde todo es perfecto, sino donde uno decide florecer incluso en la adversidad.
Al mirar nuestro lado oscuro, no hay condena, sino claridad. Las sombras revelan lo que la luz no alcanza a mostrar. Es allí donde, bañados por una comprensión nueva, nos reconciliamos con lo que somos, sin máscaras ni juicios. Entregarse entonces a algo mayor—llámese fe, energía universal, fuerza interior no es perder el control, sino encontrar una potencia nueva en la rendición. La gracia no se exige, se recibe. Y con ella, la fortaleza que nunca imaginamos poder tener. Por ello cuando me enfrento con algún temor, se me da ánimo; en el momento en que presto ayuda a otra persona se aumenta mi capacidad para amarme a mí mismo y cuando acepto el dolor como parte de la experiencia de desarrollarme en la vida, experimento una felicidad más grande. Por tanto, cuando miro mi lado oscuro me veo bañado en una nueva luz y en el instante en el que acepto mis debilidades y me entrego a un Poder Superior, la gracia me infunde una fortaleza imprevista y maravillosa.

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