Lo interesante del caso es que la mujer que grabó la cuña se
refería de forma absolutamente vulgar a las variedades de actos sexuales que
allí ocurrían entre el hombre y la mujer, mencionando términos realmente
merecedores de asco por su innecesaria crudeza. Y lo más significativo es que decía
que el hombre, al pagar por un acto así, estaba sometiendo a la mujer a una especie
de esclavitud. En pocas palabras ella borró con el codo lo que estaba haciendo
con su mano. Estoy convencido además que, si este mensaje no contuviera tantas groserías,
a lo mejor alcanzaría una mejor audiencia y aceptación que la que tal exabrupto
generó.
No creo que los actos sexuales , contratando a una
prostituta, deban ser motivo de elogio y aprobación, pero en verdad es que
cuando ellos se pactan, si es que las leyes de un país lo permiten, establecen
una especie de contrato en el que las partes, por una determinada suma de
dinero, se comprometen en conjunto a realizar. ¿Y quién es el más culpable?;
buena pregunta. Ello me lleva a recordar aquel famoso verso del romancero
español que dice “Y para los efectos quien peca más: el que peca por la paga, o
el que paga por la peca “