¿Una pregunta aterradora cuando alguien va a un lugar
llámese club, fiesta, grupo, y en fin muchos lugares más, es la de “Es Usted
miembro? ". Si la persona está ahí de colada, varios de sus colores se le
suben hasta la cabeza y su vergüenza es grande. Esto es obvio pues una vez que
lo agarran de pato y le piden que salga del lugar, entonces el susto, la pena,
y el desagrado, si no la rabia, aparecen como incómodos acompañantes de ese
momento.
Existe un efecto no necesariamente similar, puesto que las
circunstancias son distintas el cual surge cuando, aunque se esté invitado, o
el individuo sea miembro, al asistir al evento, la persona no se acomoda y,
aunque el recinto donde este sea pequeño, le da la sensación de estar en un
gran estadio de fútbol.
El sentido de pertenencia va más allá de una simple
invitación o de una membresía. Es aquel "ser" que genera la seguridad
de que, si se participa en algo y allí resulta bienvenido, lo más lógico es
poner las timideces, temores, e inseguridades, a un costado, y decirse así
mismo con firmeza : Estoy aquí puesto
que yo pertenezco.